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sábado, 16 de abril de 2011

No hay nunca un porque para un recuerdo.


No hay nunca un porque para un recuerdo; llega de repente, así sin pedir permiso y nunca sabes cuando se marchará lo único que sabes es que lamentablemente volverá. Basta con no detenerse demasiado; en cuanto llega hay que alegarse rápidamente, hacerlo enseguida, sin miramientos, sin concesiones, sin enfocarlo, sin jugar con él, sin hacerse daño. Así mucho mejor... ahora ya ha pasado, se ha deshecho del todo.

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