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sábado, 4 de junio de 2011



Ahora mismo me gustaría poder estar en la cima de una montaña y gritar tu nombre, y el mío; y que el eco de las montañas repitiera nuestros nombres una y otra vez, como si fuera algo eterno. Me gustaría estar contigo dando un paseo a la luz de la luna, solos, tú yo, y que empezara a llover, y que me invitaras a bailar un vals mientras las pequeñas gotas de lluvia rozan nuestros rostros, y apretar tu cuerpo contra el mío, sintiendo como nuestros pies vuelan, como nuestro amor se eleva. Y ya puestos a soñar cambiaría todos los atardeceres del mundo por un amanecer junto a ti. Por comenzar cada día de mi vida con una de tus sonrisas, y en las mejores mañanas, con un beso y una caricia, de esas que hacen que me olvide de todo lo demás, de que el resto del mundo existe. Tampoco estaría mal una tarde junto a ti, tumbados en el césped y mientras compartimos cálidas palabras sentir tu dedo recorriendo mi espalda, despacio. Y sentir como si pudiera reventar los índices de la felicidad cuando rozas mis labios con dulzura, sin prisa, como si el tiempo allí afuera estuviera detenido, para siempre. Y para los días de verano un baño en la playa, tu torso desnudo, mi deseo y confianza; y mientras, el agua, único testigo, esconde un juego de dos. Y sin poder evitarlo lanzar una carcajada al aire, porque estar contigo es lo único que merece la pena.

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