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sábado, 11 de junio de 2011

Los buenos recuerdos, pueden salvarte la vida.

Era divertido ver como abrías los ojitos, me reía mucho cuando no eras capaz de desabrocharme el sujetador, me cogías por el cuello, y los dos nos teletransportabamos a otro rollo, al techo, al aire, al humo, al todo y a la nada. Era especial, eramos voladores natos, nos gustaba y lo pasábamos bien. Se ha acabado, y claro que lo echo de menos, pero me quedo con que mis ojos te recuerden lo grandes que algún día fuimos, con que el resto del mundo no se dió ni cuenta de que eramos verdad, y que encerrados los dos, dentro de los demás, sabemos encontrarnos. Porque pocas personas se quieren como nos quisimos un día nosotros, pocos son suyos, sin ser de uno solo, y menos son capaces de hacer y tomar, lo que un día tubimos que tomar y hacer nosotros. Después de cada abrazo, de cada sonrisa, y de cada beso en el cuello, aquí estoy yo, y allí estás tú, entre toda la mierda, somos lo que fuimos, y ahora vivimos con lo aprendido.
Ahora, me cocino mi mundo, y se lo comerán de nuevo. Pero eso ya no importa, es puro entretenimiento.


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